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Adiestradores de perros, educadores caninos Madrid |
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Huber Can
Rosa Marín
Cuando cumplí siete años, mi madre me
regaló mi primer perro, Dingo. No le quedó más remedio, porque esa era
la única solución que encontró para que yo dejara de acariciar a todos
los perros que me encontraba por la calle o que dejara de ofrecerme a
sacar a pasear a todos los perros del barrio. No lo podía evitar, los
perros eran mi gran pasión.
Fui creciendo y a la vez mi pasión por
ellos aumentó.
Allí viví situaciones muy duras, perros
que llegaban en muy malas condiciones. Pero también viví situaciones
maravillosas, perros que se adoptaban, que encontraban un nuevo hogar.
Comprendí lo importante que sería para
PROA tener un educador canino que pudiera resolver esos problemas.
Es genial, de verdad...
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